Mora sentía el miedo apoderarse de ella mientras la llevaban al quirófano. Sus manos temblaban, y su corazón latía desbocado.
El frío metal del quirófano la rodeaba, pero lo peor era la incertidumbre que la invadía:
¿Estaría todo bien con sus hijas?
No podía dejar de pensar en sus pequeñas.
Darrel, corriendo tras ella, fue detenido por un enfermero en la puerta del quirófano.
—Señor, debe ponerse la ropa médica, por favor —le dijeron, y él, sin pensarlo dos veces, asintió, su mente completamente