Capitulo: No soy cenicienta.
Dylan se quedó paralizado, con la mejilla aun ardiendo por el golpe de su padre. Marella se acercó a él, sus ojos reflejaban compasión y un toque de tristeza al verlo así. Sin decir nada, alzó la mano y acarició con delicadeza la mejilla enrojecida de Dylan, como queriendo aliviar el dolor que él intentaba ocultar.
Dylan cerró los ojos, entregándose por un instante al consuelo de su toque, dejándose envolver por esa cercanía que no esperaba.
—Lo siento mucho, Dylan… —susurró Marella, su voz carg