Lilith corría cuesta arriba con el corazón desbocado.
Sus piernas temblaban por el esfuerzo, pero no podía detenerse. No después de todo lo que había pasado. No después de entender que, si Alexander lograba atraparla otra vez, jamás volvería a ser libre.
El aire le quemaba los pulmones mientras subía por las escaleras de emergencia.
El sonido de sus pasos retumbaba entre las paredes de concreto como un eco aterrador. Miró hacia atrás una sola vez y sintió que el miedo le congelaba la sangre.
Él