Lilith estaba paralizada por el terror.
Sentía el arma apuntándole, sentía las manos del guardia sujetándola con fuerza y el corazón latiéndole tan rápido que le dolía el pecho. Apenas podía respirar.
Todo parecía perdido.
Entonces ocurrió.
Un golpe seco resonó en el lugar.
El hombre que la sostenía soltó un gruñido de dolor cuando alguien lo golpeó brutalmente por detrás. El arma escapó de sus manos y cayó al suelo con un fuerte estruendo metálico.
Lilith soltó un jadeo.
El guardia cayó de rodi