Cuando Eliseo despertó, lo primero que hizo fue extender la mano hacia el otro lado de la cama.
Vacío.
Abrió los ojos lentamente.
La luz del amanecer entraba por las cortinas del viejo departamento, iluminando apenas la habitación silenciosa.
Frunció el ceño de inmediato.
—¿Alessia?
Se incorporó rápidamente.
Por un instante, una sensación desagradable le atravesó el pecho. Pensó que ella había huido. O peor aún, que alguien la había encontrado.
Se levantó de la cama y salió de la alcoba.
Entonce