Capítulo 85 No soy un hombre que tenga amantes
Mientras, Luca entró en la habitación donde estaba Lucía. Ella estaba recostada en la camilla, con la mirada perdida en el techo. Tenía un corte en la ceja y un hematoma en la frente, pero eran heridas menores comparadas con las heridas en su alma.
—Mamá… —dijo Luca, acercándose con cuidado.
Lucía bajó la mirada y la fijó en él. Había un vacío en sus ojos que le rompió el corazón.
—Luca… no debí venir. Todo es mi culpa. Le dije a ella que esperara