••Narra Kiara••
Luché con las esposas todo lo que pude, tratando de usar lo que tenía a la mano para tratar de abrirlas, pero nada funcionaba. Y ni hablemos sobre la fuerza bruta, ya que yo no tenía eso. No era para nada fuerte y mucho menos ahora que estaba agotadísima después del castigo infligido a mi cuerpo. Mis pezones y mi vulva seguían sensibles.
—¿No puedes quedarte quieta ni un segundo? —La voz detrás de mí me hizo sobresaltarme.
Giré mi cuerpo, encontrándome a Alexander apoyado en el