¿Me estaba besando? ¿A mí?
Nunca nos habíamos besado, ni siquiera en el altar fue capaz de hacerlo, porque me consideraba una mujer sucia e indigna.
Era la primera vez que sentía sus labios sobre los míos.
Sus labios no tuvieron contemplación, presionándose contra los míos, moviéndose con una urgencia que me quitaba el aire. La mano que estaba en mi mejilla se enredó en mi cabello, tirando ligeramente para inclinar mi cabeza y darle un mejor acceso, mientras la otra se aferraba a mi cadera,