Cómo en las películas de espías, empecé a usar la cuchara para intentar reflejar lo que ocurría detrás de mí, con esperanza de saber si me miraban cuando creían que yo no los veía.
Pero no importaba cuánto moviera la cuchara, no veía nada. Una vez más, las películas de Hollywood estafando a la gente.
—¿Ocurrió algo? —Solté la cuchara de golpe al escuchar la voz de Alexander.
Se sentó frente a mí, enarcando una ceja.
—Yo… Nada —dije, removiéndome en mi asiento.
Debía ser parte de