La noche fue larga, casi no pude dormir de la emoción. Por primera vez en mi vida saldría no solo de la ciudad, sino del país. Y visitaría un lugar tan hermoso como lo es Francia. Aunque una punzada de temor se adueñó de mi pecho. Y si… ¿Me mantiene encerrada dentro de la habitación de hotel?
Era lo más probable.
Me estaba haciendo ilusiones falsas y seguramente toda esta ropa se va a desperdiciar, tal como le ha pasado a la mayoría de mi guardarropa, terminará empolvándose en un rincón.