Llamé a mi hermano por teléfono, mientras miraba el paisaje desde el balcón. La ciudad se abría paso frente a este imponente edificio.
—Espero que no me llames para decirme que ya engañaste a tu esposa —dijo apenas contestar.
—Hola a ti también, querido hermano. Yo también me alegro de hablar contigo —dije con sarcasmo.
—¿Qué quieres? Estoy ocupado
Las palabras se me atoraron en la garganta. Era difícil para mí decir lo que tenía planeado. Iba contra todos mis principios y los valores q