Al llegar a la mansión de Vinicius, me percaté que era verdaderamente nueva. Había empleados entrando y saliendo con cajas pesadas, muebles, maletas. Era un ajetreo total.
—Te quedarás en la mansión. Te pagaré diariamente o semanalmente, a tu preferencia —Me llevó por la estancia, enseñándome algunas de las habitaciones, otras evitó abrirlas—. Voy a necesitar tu número de cuenta.
Lo miré, con los ojos agrandados.
¿Número de cuenta?
—Yo… Yo no tengo ninguna cuenta.
Me miró durante un segu