De un modo u otro, terminamos en la mansión. Explicarle a mi madre la situación, fue una tarea ardua y difícil. Se negaba a creerme, pensaba que él me estaba amenazando o que me había lavado el cerebro. Y estaba muy insistente con el hecho de que me tenía que divorciar, que Alexander era igual a Federico, que ambos eran malos.
Era sorprendente que todo eso lo haya dicho sin titubear frente a mi propio esposo, quién no parecía muy feliz con la situación.
—Sería una buena idea que se separara