Esa Chupacabras estaba aquí, en Niza. Pensé que al menos en Francia, me libraría de la mayoría de las personas de nuestra ciudad. Pero las cosas no eran tan fáciles como me gustaría. Me encontré con sus ojos fríos y frívolos, pero ella desvío la mirada. No por vergüenza, ni porque no me haya reconocido. Sino para ver a Alexander y sonreírle falsamente.
Sentí como si algo se hubiera enroscado dentro de mí.
—¿Qué hace ella aquí? —susurré, aferrándome al brazo de Alexander con más fuerza.
Él sig