••Narra Alexander••
Las paredes vaginales de Kiara eran estrechas, envolvían mi verga a la perfección. Era una sensación satisfactoria, abrumadora. Quería derramarme dentro de ella, llenarla de mi semilla una y otra vez.
—No quiero el olor de ningún otro hombre sobre tu cuerpo, ¿entendido? —dije con la voz entrecortada, dejándome llevar por su húmedo coño, cortesía de sus fluidos y del agua de la ducha que caía sobre nuestros cuerpos desnudos.
Nada mejor que follármela mientras nos bañam