Mi mente estaba comenzando a formular un plan, pero el ceño fruncido de mi mujer me devolvió a la realidad.
Kiara se veía muy molesta.
—¡Tú te arriesgaste por mí! ¡Te enfrentaste a Marcos por mí sabiendo que ya intentó matarte una vez y fracasó! ¿Por qué no puedo hacer lo mismo por ti? ¡Una esposa también debería ser capaz de proteger a su esposo!
Parpadeé repetidas veces, sorprendido.
Había algo en sus palabras, en la forma en que lo decía, la intensidad de su voz, todo era tan placentero c