El corredor del cuarto piso del Hospital ABC Santa Fe, que normalmente permanecía en calma, se había convertido en un campo cargado de tensión. Afuera del consultorio de ginecología, Sally salió con expresión alerta. Sus ojos captaron de inmediato el alboroto cerca del ascensor VIP.
Dos guardaespaldas corpulentos, vestidos con trajes negros, estaban bloqueando el paso de una mujer de aspecto desaliñado. Tenía el cabello revuelto y el rostro hinchado por el llanto. Era Jacinta. Forcejeaba desesp