—Detente —Ernesto solicitó, presionando con firmeza sus dientes y la ayudó a ponerse de pie.
—¿No hago bien mi trabajo? —cuestionó mordiendo de manera sensual su labio inferior.
—Ese es el problema —refirió, mientras la acercaba más por sus voluminosos glúteos—. Te has graduado con honores —gruñó.
—Vaya que alivio ya me estaba preocupando.
Las manos de Ernesto acunaron su rostro, besándola con agitación, provocando que ambos se encendieran más, sintiendo como sus cuerpos se avivaron, clamando h