Mundo de ficçãoIniciar sessãoAlzaste ambas manos y moviste los dedos.
—¿Ves mis manos? —preguntaste muy serio.
—Sí —murmuré con aprensión.
Estiraste los brazos. —¿Y ves mis brazos?
En otro momento hubiera pensado algo como, ‘sí, y están mejores que los de Stewie Masterson, que tiene los brazos más lindos del mundo.’ Esa noche me limité a repetir: —Sí.
—¿Ves algo entre ellos, entre mis brazos?
Tu pregunta me desconcertó. ¿Qué clase de trampa era ésta?
—¿No? —aventuré.
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