Mundo ficciónIniciar sesiónEl viento que llegaba rugiendo del mar se arremolinaba en torno a la casita blanca, que se erguía solitaria e inerme. Y las ráfagas huracanadas vacilaban, como atraídas por las luces que brillaban en cada ventana, y la música que brotaba a través de las paredes encaladas. Pero detrás venían más ráfagas, que empujaban a las primeras a seguir su carrera precipitada para tomarse ellas su turno de vacilar un momento ante tanta indiferencia frente a su fuerza y su amenaza.
En la casita, los







