Maicol
Ni siquiera logré conciliar el sueño, mi mente seguía cautiva de esa escultura de mujer. Todavía no le he mostrado mi forma de poseer; todo llegará a su tiempo, con calma, disfrutando cada paso.
—¡Hey! Te estoy hablando —la voz de Emma me arranca bruscamente de mis pensamientos.
—Perdona, estaba un poco distraído —murmuro, acompañando mis palabras con un guiño para disimular.
—Se nota demasiado… —responde ella, con una media sonrisa cargada de ironía.
Antes de que pueda replicar, el eco d