Mateo se debatía. Las promesas de Beatriz eran un canto de sirena poderoso para el chef que él había sido, para la ambición que siempre lo había impulsado. La oportunidad era inmensa. Pero miró a Sofía, y vio la tristeza en sus ojos.
—Mi legado ya lo estoy construyendo aquí —dijo Mateo—. Con Sofía.
—Un lastre, Mateo —dijo Beatriz, sin piedad—. Un lastre encantador, sí. Pero un lastre al fin y al cabo para tu verdadero potencial. Piensa en ti. En tu nombre. En lo que podrías ser. Alejandro lo sa