63. Van a destruirla
El apartamento se siente demasiado grande desde que Anabel se fue.
No porque haya cambiado su tamaño, sino porque el silencio pesa distinto. Antes había movimiento. Una risa en la cocina. El sonido de páginas pasando. El olor a café recién hecho. Ahora solo hay eco.
Josh está sentado frente a mí en el sofá, con los codos apoyados en las rodillas, escuchándome en silencio mientras termino de contarle todo lo que pasó en la notaría, lo que le dije a John y la manera en que Anabel se marchó sin mi