62. Recuperar lo que es mío
Anabell
El apartamento es tan pequeño que cada movimiento parece amplificado. La cremallera de la maleta suena más fuerte de lo que debería. El roce de la tela contra el suelo resuena como si estuviera empacando no solo ropa, sino decisiones.
Mel está sentada en la orilla de la cama, observándome en silencio mientras doblo una blusa con más cuidado del necesario. No es que quiera que todo quede perfecto; es que si me detengo a pensar demasiado, corro el riesgo de desmoronarme otra vez.
—¿Segura