43. Lo hago porque quiero
Anabell
Salir de mi habitación se ha vuelto un ejercicio de autocontrol.
No me acostumbro a esto.
A compartir techo con Gael Thompson.
A saber que, a solo unos metros, detrás de una pared demasiado delgada, duerme el hombre más peligrosamente atractivo que he visto en mi vida.
Cada mañana es una ruleta.
No sé si me lo voy a cruzar despeinado, medio dormido, con esa voz grave que parece arrastrarse todavía entre sueños.
No sé si me va a regalar una de esas sonrisas robadas que no estaban en el