18. Un maldito gilipollas
Gael
El mundo vuelve a existir en fragmentos.
Luces blancas que me queman los ojos. El pitido insistente de una máquina. El traqueteo metálico de una camilla avanzando demasiado rápido por un pasillo estrecho.
—Estoy bien —gruño, intentando incorporarme—. Ya les dije que estoy bien.
Una mano firme me empuja de nuevo contra la camilla.
—No, no lo está —responde una voz femenina con tono profesional—. Se lanzó a un lago congelado. Eso no entra en la definición médica de “estar bien”.
Intento senta