La temporada de cosecha había llegado a la manada Diamante Ascendente.
Los campos se extendían hasta donde alcanzaba la vista, salpicados de ese blanco suave del algodón abierto que parecía nieve tardía descansando sobre la tierra oscura. El aire estaba impregnado de ese aroma seco, limpio y ligeramente áspero que siempre acompañaba la recolección, mezclado con el calor del sol y el sudor de quienes trabajaban sin descanso. Las fibras flotaban a la deriva, atrapando la luz como diminutas nubes