—Seraphina, permíteme explicarte, por favor… —suplicó Desmond mientras caminábamos tranquilamente hacia nuestra habitación después de que él regresara de asistir a la despedida de soltero del conde Jacob Urba—. No es lo que piensas…Lo hice callar dándole una bofetada a mi compañero, que también era mi esposo. —¿Te atreves a explicarme cuando ya te pillé? —pregunté dulcemente.La cara de Desmond se tornó de un rojo intenso al ver lo fría que me había vuelto, como si la calidez que alguna vez le perteneció ya no existiera para él. Y, aun así, yo seguía sonriendo… no con dulzura, no con amor, sino con esa calma peligrosa que aparece justo antes de que algo se rompa del todo. Una sonrisa que no tranquiliza, que no consuela, que corta.Podía sentirlo. Cada emoción suya se filtraba en mí con una claridad insoportable: el desconcierto, el miedo, la culpa latiendo desordenada en su pecho. Y él también me sentía… porque el vínculo que nos unía no entendía de mentiras ni de máscaras. Estábamo
Leer más