—Señorita Gibson, pídale a su madre que se retire. Quiero hablar contigo... a solas —dijo la voz femenina del otro lado de la línea, justo después de escuchar a Eva.
Había algo hipnótico en su tono. Peligroso, pero envolvente. Marcia, sin entender por qué, sintió que tenía sentido. Sin pensarlo mucho, se volvió hacia Eva y le dijo con calma:
—Mamá, por favor… vete. Necesito hablar un momento con una amiga.
Eva la miró con inquietud. Algo en la expresión de Marcia —la seriedad, el tono tenso— le