Rubí había terminado la mitad de la sopa, pero ya no tenía apetito. Dejó la cuchara a un lado, cerró los ojos por un instante y luego suspiró.
—Tienes razón, mamá —dijo con resignación—. ¿Qué te parece esto? Cuando vuelva del trabajo hoy... se lo diré yo.
—Rubí, se lo voy a decir yo misma. No es buena idea que tú lo hagas en mi nombre... eso podría afectar tu relación con Marcus —dijo Sabrina con seriedad—. Antes pensaba que tu padre me culpaba por completo, pero no se desquitó contigo. Si soy yo quien le cuenta la verdad, creo que no se enojará contigo.
Sabrina se quedó en silencio un momento y luego agregó, más firme:
—Rubí, tengo que hacerlo. Tú y Marcus deben tener plena confianza el uno en el otro ahora. De lo contrario, Zoey y Ethan podrían tomar el control tanto de la familia York como de la familia Maxwell.
—Pero, mamá... —Rubí frunció el ceño, buscando las palabras adecuadas—. No es tan simple.
—Rubí, sé que me amas... pero cometí un error —dijo Sabrina, con lágrimas formándo