Rubí había terminado la mitad de la sopa, pero ya no tenía apetito. Dejó la cuchara a un lado, cerró los ojos por un instante y luego suspiró.
—Tienes razón, mamá —dijo con resignación—. ¿Qué te parece esto? Cuando vuelva del trabajo hoy... se lo diré yo.
—Rubí, se lo voy a decir yo misma. No es buena idea que tú lo hagas en mi nombre... eso podría afectar tu relación con Marcus —dijo Sabrina con seriedad—. Antes pensaba que tu padre me culpaba por completo, pero no se desquitó contigo. Si soy