—Si es una niñera, también debería tener algún antecedente —dijo Rubí, frunciendo el ceño.
Emily negó con la cabeza.
—Esa niñera cuidó de Serena hasta los diez años. Luego enfermó, así que se retiró y se encargó del jardín en mi casa. Serena la quería mucho, y la niñera también la adoraba. Pero siempre fue alguien muy tranquila. Su hijo vive en el extranjero y casi no tiene contacto con ella. Es una anciana solitaria. Muy poca gente conoce esa relación. Si yo no hubiera ido al jardín a cortar flores, tampoco me habría enterado.
Rubí asintió.
—En ese caso, suena como una opción viable. Entonces… está decidido.
—Rubí —continuó Emily—, he estado enviando a algunas personas para que sigan a mi hermano y a Serena. Cuando estén solos, crearé la oportunidad perfecta para que la niñera se cruce con ella. Pondré un micrófono oculto en su bolsillo. Si Serena no la reconoce… veremos cómo intenta justificarse frente a mi hermano.
—De acuerdo —asintió Rubí con firmeza.
Este asunto debía aclararse