Y, a juzgar por la conversación de aquella mujer con Zoey, el próximo peligro no recaía sobre Zoey, sino sobre Rubí.
Noah respiró hondo, sintiendo el peso de la decisión que debía tomar.
Cuando regresó a su habitación, se dejó caer en el sofá, con la mente abrumada por pensamientos contradictorios.
¿Debía llamarla? ¿Enviarle un mensaje?
Pero era demasiado arriesgado. Si Zoey había ordenado vigilarla, era casi seguro que el teléfono de Rubí ya estaba intervenido.
Cualquier llamada o mensaje podí