Sabrina conocía bien a Tobías.
Sabía que sus palabras no eran una broma. Cuando hablaba en serio, lo hacía con ese tono sereno y cortante que nunca admitía réplica. Cada palabra suya, incluso cuando sonaba ligera, llevaba un peso real.
El rostro de Sabrina se ensombreció. Siempre había sido una mujer elegante, refinada, difícil de perturbar; sin embargo, en ese momento su expresión sombría era más convincente que cualquier máscara que hubiera usado antes.
—Sí, tuve algunas conversaciones intere