Poco después, Rubí fue llevada a la oficina de Tobías. Caminó con calma hasta la puerta y llamó suavemente.
Tobías miró a Arthur.
—Abre la puerta. Es ella.
Arthur asintió y abrió sin hacer ruido.
En el umbral apareció una joven hermosa y de rostro fresco. Llevaba unos jeans sencillos y una chaqueta blanca ligera, perfecta para la temporada. Su cabello rubio, recogido en una cola de caballo, realzaba su aire natural. Llevaba un bolso cruzado y zapatos Chanel.
Si no fuera por su apariencia llamat