La habitación estaba bañada por la luz del mediodía. A través del ventanal de cristal, el lago reflejaba los tonos verdes de la primavera. Era un lugar tranquilo, hermoso… demasiado tranquilo, pensó Rubí.
—Este sitio es precioso —comentó—. ¿Cómo lo encontraste?
—Por casualidad —respondió Noah con una sonrisa tensa—. Quería un sitio donde no nos molestaran.
Rubí asintió y probó un pedazo de pastel. Era esponjoso y dulce, justo en su punto.
—Está delicioso —dijo—. Bueno, Noah, ¿qué era eso tan im