Sabrina asintió con emoción.
—Sí, hija. Y ahora que estás embarazada, debes tener mucho cuidado. No permitas que nadie te dañe, como me sucedió a mí en aquel entonces.
Las palabras de Sabrina hicieron que Rubí se quedara helada. La miró con desconcierto.
—¿Mamá? ¿Qué quieres decir con eso?
Sabrina desvió la mirada, suspirando.
—Todo eso… quedó en el pasado.
—Por cierto —preguntó Rubí con curiosidad—, ¿cómo fue que te entregaron a la niña equivocada? Siendo la reina, deberías haber estado rodead