Marcus reflexionó. Cuando llegara el momento, enviaría más guardaespaldas para asegurarse de que todo saliera bien. Finalmente, asintió y miró a Dylan junto a Rubí.
El niño parecía emocionado, pero aún dudaba.
—¿De verdad puedo?
—Por supuesto que sí —confirmó Rubí con una sonrisa.
—¡Sí! —exclamó Dylan con entusiasmo—. Quiero comer algo delicioso.
Marcus y Rubí se miraron. Hacía mucho tiempo que no veían a Dylan tan feliz.
Aquella noche, después de la ducha, los tres durmieron juntos. Dylan insi