Marcus decidió que ya no debía preocuparse por sus asuntos, pero al recordar la expresión agraviada de Rubí, no pudo evitar sentirse angustiado.
Después de dudar unos instantes, tomó el teléfono y marcó un número. En la pantalla apareció un nombre: Dean Campbell.
Al poco tiempo, una voz alegre y robusta contestó al otro lado:
—Sr. Maxwell, ¿a qué debo su inesperada llamada?
Con un tono relajado, Marcus respondió:
—Sr. Campbell, ¿qué está haciendo?
—¿Qué podría estar haciendo? La nieve aún no se