Luego sonrió y se despidió de la anciana antes de darse la vuelta para marcharse.
Sin embargo, después de dar unos pasos, escuchó el sonido de la puerta abriéndose y la voz de la mujer que la llamaba.
—Espera un momento.
Rubí se giró y vio que la anciana había abierto la puerta de seguridad. Con expresión vacilante, le preguntó:
—¿Trajiste tu tarjeta de identificación?
Rubí se quedó congelada por un instante.
—No traje mi identificación, pero tengo la de estudiante en mi bolso.
Cuando había hec