Rubí estacionó su coche en el aparcamiento del centro comercial y subió al de Noah. Juntos condujeron hasta la joyería.
Era un establecimiento de alta costura, lujoso y sobrio. Los clientes vestían con elegancia, y al reconocer a Noah —famoso por su trabajo en noticias financieras— varios empleados se acercaron de inmediato.
Noah tomó asiento en un sofá, aparentando indiferencia, mientras Emily y Rubí fingían curiosear con fascinación entre las vitrinas. Primero, cada una escogió un par de joyas al azar, para disimular. Luego, Rubí fingió estar inconforme y comenzó a probarse varios collares con evidente fastidio.
Un empleado, al notar su comportamiento, se acercó solícito:
—Señorita Gibson, ¿hay algo que no le haya satisfecho? ¿O busca alguna pieza en particular?
Rubí, manteniendo la calma, respondió con tono exigente:
—Quiero un collar especial, algo realmente único. El precio no importa, pero no quiero nada común.
El empleado trajo dos collares más, pero Rubí negó con la cabeza, co