Rubí dejó de llorar por un momento. Levantó la cabeza y miró a Marcus con incredulidad. Tragó saliva antes de preguntar, desconcertada:
—¿Qué… qué quieres decir con eso?
Marcus negó con la cabeza y, con una sonrisa forzada, respondió con aparente impotencia:
—Quiero decir que te han engañado.
—Marcus, el que me engaña eres tú.
Rubí apartó bruscamente la mano con la que él intentaba secarle las lágrimas. Su voz se quebró, pero sus ojos seguían fijos en él, firmes y desafiantes.
—Sé que te gusto