-¡Sí! -respondieron las doncellas, mirándose entre ellas. Nadie se atrevió a decir nada más y expresaron su acuerdo de inmediato.
No hacía falta que dijeran mucho, pues todos entendían perfectamente la gravedad del asunto.
Marcus rara vez daba instrucciones directas a sus sirvientas, pero ahora estaba tomando el control personalmente. Además, por el contenido y el tono de su discurso, así como por lo explícito de sus indicaciones, no hacía falta imaginación para deducir que todo se debía a que