-He hecho albóndigas muchas veces antes. ¿No estaban igual de ricas siempre? -bromeó Rubí.
-Sí, siempre lo estaban. Pero esta vez fue especial. No tuve que pelear con Dylan, ese bribón, para poder comer tranquilo. Hoy comí hasta llenarme -dijo Marcus, y de repente añadió con una mirada suave-: Los niños son adorables. Me pregunto cuándo tendremos uno propio...
Rubí se quedó en silencio. Vaciló antes de responder:
-Dejemos que la naturaleza siga su curso... si la salud lo permite.
-¿Eh? ¿No ibas