Rubí asintió lentamente:
-Sí...
-Supongo que, en el fondo... soy igual que él -dijo Elliot con un destello de rabia en la mirada, casi rechinando los dientes-. Me odio por eso.
Sus palabras se clavaron como puñales. Giró la cabeza, incapaz de sostenerle la mirada, su rostro cubierto de tristeza.
Sus ojos estaban llenos de una melancolía que parecía desbordarse en cualquier momento.
El dolor en su mirada era tan intenso que Rubí apenas pudo soportarlo.
En ese instante, no tuvo valor para decirle