Rubí sonrió y le dijo a Elliot: -De hecho, acabo de poner hojas de té y agua tibia en la tetera. Me prestas demasiada atención, como si todo lo que hago fuera perfecto-.
No había duda ni ambigüedad en su tono, hablaba con total seguridad.
Elliot se quedó paralizado un instante, luego la miró sorprendido. Tras unos segundos, sonrió y preguntó: -¿Ah, sí? ¿Lo admites?
-Es cierto. No puedo evitarlo aunque quisiera-, respondió Rubí con una sonrisa amarga. -Es inútil negarlo cuando es verdad. Tus ojo