Marcus aún mantenía los ojos cerrados, como si no hubiera escuchado nada de lo que ella le decía. No se movía en absoluto.
Rubí contuvo la desesperación y las lágrimas. Respiró hondo y le dijo con voz firme:
-Marcus, te daré una última oportunidad. Si no te mueves... si no despiertas... yo... iré con Elliot.
Su voz estaba teñida de tristeza, aunque intentó mantenerse fuerte. Mientras hablaba, sus ojos se posaron en la mano de Marcus. Entonces, por un breve instante, creyó ver cómo sus dedos se