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Alexander depositó a Valeria sobre la inmensa cama de la villa italiana. Ella ni siquiera se inmutó, continuaba durmiendo profundamente, solo un ligero suspiro escapó de sus labios. Él se separó un poco, observándola desde ese ángulo. Pensó en lo hermosa que era, en lo delicada y frágil. Era esa fragilidad que él, irónicamente, quería proteger, pero que al mismo tiempo se daba cuenta de que él mismo había roto.

Sacudió la cabeza incesantemente. Era tonto seguir teniendo esa clase de pensamient
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