Diana se quedó mirando de pie aquel lugar enorme. Sentía que a su corazón se le comprimía en el pecho cada vez que recordaba a esa pequeña de enormes ojos y de sonrisa que años atrás había iluminado su vida. Irónicamente, había sido esa misma pequeña, ya convertida en adulta, la que casi le arrebata la vida a su verdadera hija, Valeria. Sus sentimientos estaban hechos un nudo—había pasado más tiempo con su hija adoptiva, Dina, que con su hija biológica. Pero ahora mismo, todo era difícil, dolor