Daniela no se movió ni un solo músculo hasta que el silencio se extendió lo suficiente como para volverse imposible de ignorar.
El sonido de los pasos de Gustavo se desvaneció por el pasillo del comedor, dejando atrás una tensión que no desapareció con él. Permaneció en la mesa, asentándose entre ellos como algo inconcluso.
Lentamente, bajó la mirada hacia su plato.
Había perdido el apetito.
Frente a ella, Adriel se recostó en su silla, su confianza anterior reemplazada ahora por algo más silen