El silencio que siguió a las palabras de Adriel se prolongó más de lo que debería.
Daniela aún podía oír el leve sonido de su cuchara golpeando el plato, pero más allá de eso, todo se sentía antinaturalmente quieto.
Sus dedos se curvaron ligeramente sobre la mesa mientras su mente intentaba alcanzar lo que acababa de decirse, pero fue Alejandro quien se movió primero.
“¿Qué acabas de decir?” preguntó.
Su tono no se elevó, pero llevaba suficiente peso como para hacer que el aire se sintiera más